Carta Abierta Santa Fe repudia el " escrache " organizado en Firmat contra los actores Juan Palomino y Raúl Rizzo por haber éstos manifestado públicamente una posición ideológica frente a una cuestión de política económica tomada por un Gobierno Constitucional dentro del marco de sus atribuciones.
La incapacidad social de discutir ideas, producto de largos años de oscurantismo, merece nuestra preocupación y nos compromete en insistir en profundizar en todos los temas de índole política, social, cultural, educacional y económico aportando ideas, críticas y propuestas que contribuyan a dejar de lado prácticas nefastas de amenazas, slogans, repeticiones automáticas , desprecio por el otro y en suma descreimiento profundo de las instituciones y del sistema democrático y republicano al cual los hoy "escrachadores" dicen defender y respetar.




Hay postales fugaces tomadas en movimiento. Frenéticas, implacables, imperantes. Mientras se baten récords de venta de automotores, las empresas planifican reducciones de personal escudándose en la crisis financiera mundial y su potencial impacto en Argentina… Al mismo tiempo en que Macri declama que los niños y jóvenes deben volver a la escuela, recorta sin debate alguno becas a estudiantes de bajos recursos, niega sistemáticamente aumentos al personal docente, mientras simultáneamente anuncia la creación de una policía con un salario inicial de $ 3.000… Un vecino de San Isidro, ingeniero, es asesinado delante de su familia por “marginales de La Cava”, la gente se moviliza pidiendo más seguridad azuzada por el intendente, el gobernador sostiene la necesidad de bajar la edad de imputabilidad a doce años, vulnerando lo establecido por la convención sobre los derechos del niño en su artículo 40.
Algo grave, emboscado, ha ocurrido en el ámbito del pensamiento argentino. Algo injusto, destructor de símbolos, ha ocurrido en el ámbito de la convivencia. La injuria fácil parece ahora conducirnos. Un arrebato sin arte ni compasión compone fáciles escenas de masacre. En tiempos sin continencia, donde sólo se posee el atributo de la honra, se ataca la conciencia de las personas. Se ataca el nombre y su estima, aquello que es el elemento impalpable y frágil, lo más vulnerable que se tiene y lo que es más susceptible de culpa. Ahora, una parte importante de la política recae en un oficio turbio: destruir la honra, el nombre que sostenemos, los pocos hechos que nos animan para considerarnos partícipes de lo absolutamente humano.