Síntesis Plenario Carta Abierta Mar del Plata 15-11-2008 (Relator Gabriel Rodríguez)
"De un tiempo que será el nuestro/ de un país que nunca hemos hecho/ canto las esperanzas/ y lloro la poca fe// No creamos en las pistolas// para la vida se ha hecho el hombre/ y no para la muerte se ha hecho// No creamos en la miseria// la miseria necesaria, dicen/ de tanta gente//…Lejos estamos de recuerdos inútiles/ y de viejas pasiones/ no iremos detrás/ de antiguos tambores// De un tiempo que ya es un poco nuestro/ de un país que vamos haciendo/ canto las esperanzas/ y lloro la poca fe." Raimon, “D’un temps, d’un país”
I
Cuando los creadores de este colectivo que es Carta Abierta definieron su postura como de “apoyo crítico” respecto al gobierno de Cristina Kirchner y al ciclo iniciado en 2003 por Néstor Kirchner, brindaron a quienes nos sumamos a la convocatoria una plataforma conceptual y organizativa extraordinaria sobre la que podamos discutir, elaborar y aportar a la construcción en un momento de definiciones en nuestro país, que intenta superar concepciones neoliberales de consecuencias nefastas en nuestra historia reciente. La necesidad se torna más urgente en un contexto de crisis global en el que esas certezas de corto vuelo aparecen heridas pero aún presentan batalla.
Hay varias posturas posibles frente a un proyecto político. Excluyendo la indiferencia, las podemos resumir en tres: seguidismo, apoyo crítico y oposición. Si bien es cierto que siempre apoyamos o rechazamos medidas, sea por
acción, omisión o desconocimiento, lo que nos importa aquí es destacar la actitud reflejada en estos modos de apoyo activo.
El seguidismo es el apoyo acrítico a los actos del gobierno. Conlleva un riesgo extremo: si quien guía se enceguece, todos somos ciegos en camino hacia el abismo. Nos ha sucedido frecuentemente en nuestra historia. El diario de Yrigoyen, los aduladores y obsecuentes del Perón de los ‘50, el sirraulismo de los alfonsinistas, y el sicarlismo que terminó llevándonos al más infame de los abismos en los ’90. Ninguno de nosotros está exento de haber participado de alguno de ellos. Todos nos han mostrado que esa actitud de sumisión acrítica al líder circunstancial es un camino hacia un trágico final donde pagamos con la derrota nuestra falta de cuestionamientos.
Por otra parte, el apoyo crítico es la asunción de una postura intelectual y política frente a las cuestiones que se discuten en nuestra sociedad, en los planos local, provincial y nacional. Situarnos así nos permite manifestar prevenciones, verdades incómodas. Nuestra distancia crítica con los hechos nos habilita a complementar sin sustituir la tarea del político práctico. Y nos permite volcar en nuestra práctica política un grado de reflexión colectiva con frecuencia ausente en un universo político plagado de operadores gerenciales y marketing electoral.
Ese apoyo crítico no nos ahorrará disensos. Cada uno de nosotros hace una lectura determinada de la experiencia iniciada en el 2003 y su continuación en el gobierno actual. Cada uno de nosotros valora determinados elementos y critica otros. Esos disensos son necesarios, enriquecedores, y debemos encontrar el punto a partir del cual generen críticas constructivas y parámetros para la acción. Pero esencialmente compartimos una convicción: que con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner se ha abierto un rumbo que es necesario abonar con participación, aportes y movilización para no volver a transformar esta posibilidad en otra oportunidad perdida.
Si esa es la visión común que podemos trazar acerca de nuestro gobierno, también nos define con claridad la línea que nos separa de la oposición. Como punto de partida definiremos que para nosotros la política no es el juego aséptico de administrar lo común respetando la intangibilidad de los intereses sectoriales. La política se constituye a partir de conflictos y consensos; la ausencia de alguna de estas dimensiones conduce directamente a la destrucción de la política como tal.
Respecto a la oposición, tenemos la suerte de vivir, en este momento histórico, en una democracia donde pensar distinto y asociarse en torno de esas ideas no es delito sino un derecho amparado por la Constitución. Reivindicamos y defenderemos si es necesario ese derecho que tienen; reconocemos la pluralidad de matices. Nosotros mismos encontramos errores, dudas e imperfecciones en la marcha del Gobierno. Lo que rechazamos de plano es el gorilismo, que podemos definir como la exclusión de una proporción significativa de la población del derecho de pensar y elegir el rumbo político, social y económico que desea. Rechazamos también el golpismo, en sus ropajes tradicionales o en la presión encubierta o desembozada de los grupos de poder para imponer rumbos políticos ajenos al sentir de las mayorías. En suma, el límite que planteamos es el reconocimiento del marco democrático como el lugar donde todos podamos expresarnos, asociarnos y luchar por el poder político sin exclusiones ni chantajes de ningún tipo.
II
El fallo de la Corte Suprema respecto a la libertad sindical produjo variadas reacciones. Por un lado, la CGT criticó la misma, defendiendo el modelo sindical tradicional. El Gobierno acotó sus alcances al ámbito de lo estatal. La neoderecha la saludó como un límite al poder de la CGT, tal vez esperanzada en la atomización y desaparición del poder sindical para poder negociar despidos, suspensiones y bajas salariales con un delegado sin peso específico
alguno. Y, si bien desde el campo nacional, popular y progresista también la recibimos con beneplácito, conviene aclarar una serie de cuestiones.
El modelo sindical argentino no ha sido en ningún momento de nuestra historia ajeno al devenir de la sociedad. En sus inicios, su impronta era la de la autonomía y resistencia frente a un sistema que ni siquiera contemplaba la posibilidad de otorgar voz a los trabajadores. Con la llegada del peronismo, el movimiento obrero fue constituido de un modo heterónomo, obteniendo conquistas nunca soñadas anteriormente sacrificando su autonomía. Este modelo sindical de central única era funcional al proyecto de desarrollo industrial por sustitución de importaciones. La experiencia sindical durante la larga proscripción del peronismo llevó a la escisión de los trabajadores en actitudes conciliadoras y combativas como mostraron el vandorismo y la CGT de los Argentinos. Pero nadie podía desconocer su importancia y su peso como factor de poder.
La dictadura intentó reducir a sangre y fuego al movimiento sindical, mediante la intervención de la CGT, la detención, desaparición y asesinato de cientos de delegados fabriles. Ya en época del infame de Anillaco, las treinta monedas de las privatizaciones pudieron cobrarse por el concurso necesario de una CGT cómplice. Pero también se dieron escisiones como las que conformaron el MTA con Moyano y la CTA. En suma, la organización de los trabajadores y la suerte corrida por los distintas centrales tiene que ver con los proyectos hegemónicos existentes, y con el peso de las ramas productivas en los mismos, que marcaron un viraje desde el predominio de actividades industriales a la actual centrada en el sector transporte y servicios.
El balance que podemos hacer de este breve repaso por la historia es que el neoliberalismo significó atomización, precariedad del trabajo, desocupación. Se redujo la cantidad de trabajadores cubiertos de un modo efectivo por los sindicatos, por lo que la CGT no puede invocar la representación de todos los trabajadores argentinos. No abarca las distintas situaciones que van desde el trabajo en negro hasta la exclusión lisa y llana del mundo del trabajo. Consiente, de grado o a la fuerza, los avances patronales en detrimento de la participación de los trabajadores en sus organizaciones representativas. La proporción de empresas en las que se cuenta con delegados sindicales es de apenas el 12%.
En este panorama, la pretensión de la CGT en constituirse en la única central de los trabajadores muestra sus límites. Sólo la inercia histórica, las prácticas burocráticas, o la desigual correlación de fuerzas que la favorece, la ubicó en un lugar que le brindaba un botín desmesurado: el control de las obras sociales.
En tiempos de penuria, cuando los Judas completaron aquello que los genocidas no lograron, se comenzó a conformar una central sindical alternativa: la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Luego de muchos años, idas y vueltas no exentas de confrontaciones y contradicciones internas, este fallo de la Corte la encuentra en una excelente posición para ir por la obtención de una reivindicación histórica: el reconocimiento de su personería jurídica.
El fallo de la Corte, de hecho, amplía lo que ya se había resuelto para el Estado Nacional, provincial y municipal a través de la Resolución 255/04 del Ministerio de Trabajo, que reconocía la “plurirrepresentación gremial”, o sea el fin del unicato. Esta decisión del máximo tribunal extiende justamente el alcance de la pluralidad en la representación gremial sobre el ámbito privado. Esta resolución termina con la representación sindical exclusiva por cantidad, es decir, la compulsa de trabajadores. Así, son los trabajadores los que eligen el sindicato que quieren que los represente, y no el patrón o el Estado.
Sin embargo, hay que obrar sin pausa pero con prudencia. En momentos en que se negocian despidos masivos, suspensiones, hacen falta decisiones y acuerdos políticos amplios que comprometan a la mayor cantidad posible de actores (gremiales, empresariales, y el rol ineludible del Estado). Mayor consenso implica mejor calidad democrática. También implica un compromiso por parte del movimiento obrero en el campo de los derechos humanos y situaciones políticas actuales que la CGT hasta ahora soslayó o abordó de modo formal.
III
El proyecto de bajar la edad de imputabilidad de los menores barajado por el gobernador Scioli frente a la presión mediática desatada por el asesinato de un vecino de San Isidro, nos muestra inequívocamente el muro que
separa a los incluidos de los excluidos de la sociedad. También es una muestra acerca de lo nefasto que es cuando la simplificación, los lugares comunes y la necesidad de dar respuestas que permitan mantenerse con altos niveles de aceptación en las encuestas, reemplazan el coraje, la visión política y la voluntad real de solución de los problemas.
En esta problemática se vinculan dos temores atávicos agitados recurrentemente por los formadores de opinión: la idea de lo peligrosos que son los jóvenes y los marginales. Cuando se encuentra un grupo que reúne ambas características es doblemente victimizado.
Muchos de ustedes se preguntarán por qué esta insistencia con los jóvenes, máxime aquellos que viven en situación de marginalidad. Muchos se preguntarán por qué se los estigmatiza, haciéndolos pasar de grupo en peligro (víctimas) a peligrosos (victimarios). La clave de esta cuestión, reside a nuestro juicio en lo siguiente: estigmatizando al adolescente marginal, colocándolo en el lugar del otro, del peligroso, se consagra la lógica de la sociedad escindida; se marca en él definitivamente la gramática de su exclusión social, y se lo obliga a internalizarla, se lo convence de su carácter natural e inmodificable.
El orden social del neoliberalismo es claramente un orden excluyente. A su vez, requiere simpleza, lugares comunes, soluciones rápidas que permitan la vuelta con rapidez a su ideal del ciudadano: el consumidor permanente. Estigmatizarlos, convertirlos en el Otro que debe ser reprimido, refuerza las tendencias posesivas e individualistas de una sociedad que no pueda plantearse retos colectivos. La represión es más económica que una complicada ingeniería social de inclusión, más sencilla de explicar y garante del statu quo. Reafirma el papel de las instituciones punitivas (policía, justicia, internados), al tiempo que excluye la posibilidad de pensar un orden social inclusivo que implique pérdidas de poder simbólico y real al bloque dominante.
Si proyectásemos a futuro qué tiene para ofrecer el orden social escindido del neoliberalismo a la juventud, el panorama es desolador: represión y marginalidad juvenil, precariedad laboral en la vida adulta, escamoteo del futuro en la timba de las AFJP. Si estamos resueltos a acabar con el negociado de las jubilaciones privadas, luchamos por devolver a los argentinos al mundo del trabajo digno, no podemos vulnerar la esperanza de nuestros jóvenes convalidando la postura de la neoderecha. La tarea del Gobierno debe ser esclarecedora, y debe enfrentar la brutalidad del sentido común del bloque dominante, a partir del apoyo y promoción de iniciativas inclusivas que permitan reconstruir redes sociales que contengan a los jóvenes.
Trabajo, educación, arte, deporte, salud, son señas de identidad ansiadas por los adolescentes que permiten alejarlos de los caminos fáciles de final trágico que les venden como falsos espejos de colores.
Cambiar este punto de vista implica un esfuerzo de la sociedad también en el plano económico, ya que el presupuesto es bajo para las políticas juveniles y de infancia. Faltan muchas cosas para que nuestros jóvenes marginados puedan vivir verdaderamente como jóvenes. Fundamentalmente, nos faltan medidas urgentes y firmes hacia la redistribución de la riqueza. Mediante decisiones posibles, pero profundas.
Epílogo
Hay denominadores comunes en estos temas. En primer lugar, afrontar con decisión, desde el lugar de cada uno, las tareas que nos competen. Por otra parte, asumir que si estamos obteniendo en algunos casos resultados positivos, eso tiene que ver con construcciones pacientes, extendidas en el tiempo, en las antípodas de las salidas fáciles, de las fotos y atajos mediáticos. Por otra parte requiere el coraje de contradecir si es necesario el sentido común, mostrar sus falacias, sus promesas incumplidas y plantear salidas alternativas.
En definitiva, esto es Carta Abierta. Un colectivo en tensión constante a la búsqueda de definir una identidad común a través de pacientes luchas de ardiente impaciencia, buscando y apelando a ese sujeto colectivo que se empecina en sobrevivir a todos los infortunios y asechanzas.



