Carta Abierta Mar del Plata

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20 August 2009 18:07
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Bolivia querida...

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Intervención de Carlos Girotti en el Panel “Las alternativas de integración política, económica y cultural entre los gobiernos  y pueblos del continente”, presidido por el Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Cro. David Choquehuanca, en el Encuentro Internacional de Solidaridad con Bolivia, Santa Cruz de la Sierra, 23 al 25 de octubre de 2008.

 

Hermanas y hermanos, queridos compañeros todos de esta América Latina unida:

Queremos agradecer, en primer término, la invitación que nos cursara el gobierno que preside el hermano Evo Morales Ayma, en la persona de la señora Embajadora de Bolivia en la Argentina, para asistir a este evento.

En segundo lugar, queremos agradecer públicamente, de una manera enfática y emocionada, el gesto de las compañeras y compañeros que integran la delegación argentina, por haber propuesto que quien les habla integre este panel. No es un agradecimiento retórico, créannos. Esa delegación está compuesta por organizaciones que se han templado en la lucha y en la resistencia contra el neoliberalismo. Esa delegación de la República Argentina ha perdido en las calles de nuestro país a militantes caídos por las balas de la represión, como Martín Cisneros, del Comedor Los Pibes, como el maestro neuquino Carlos Fuentealba, y como tantos otros compañeros que han sabido enfrentar con coraje y dignidad al neoliberalismo. Por eso es este agradecimiento a esa delegación, porque el espacio que nosotros representamos ha sido creado recientemente, mientras que las organizaciones que nos propusieron para este panel vienen luchando con denuedo desde hace años.

 

Carta Abierta, como dijimos, es un espacio con escasos seis meses de vida. Este nucleamiento surgió en medio del conflicto desatado por la oligarquía terrateniente, por la gran derecha argentina que empeñada en un movimiento destituyente, de claro signo golpista, pretendió asediar, a partir del 11 de marzo pasado, al gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

 

 En esas condiciones, un conjunto muy pequeño pero por ello no menos significativo de intelectuales, científicos, artistas populares y editores de nuestro país, decidió salir al ruedo con una carta abierta en la que se denunciaba ese embate destituyente contra el gobierno democrático. A partir de ahí, de esas primeras treinta firmas, este espacio que pasó a denominarse Carta Abierta, concitó la atención de más de dos mil intelectuales argentinos y ya lleva emitidas cuatro cartas públicas.

 

Con ese espíritu ha venido participando de las movilizaciones multitudinarias en defensa del gobierno constitucional amenazado por la nueva derecha argentina. Y es desde esta perspectiva que venimos a plantear, a este Encuentro Internacional de lucha y solidaridad con el gobierno y el pueblo de Bolivia, una sencilla iniciativa.

 

Entendemos que la clase dominante, en todo nuestro continente, intenta o ha intentado imponernos a sangre y fuego la noción de que el saber y la noción del conocimiento sólo pueden estar en pocas manos, a cargo de intelectuales reconocidos por el sistema y, por ende, domesticados. De allí que sostenemos que la tarea, el compromiso, el deber de un intelectual consubstanciado con su pueblo es el de participar activa y protagonicamente en todas y cada una de las luchas que su pueblo libra. Y pensamos también que es tarea, es deber y es compromiso de los intelectuales latinoamericanos el de salir a defender, con uñas y dientes, esta anomalía que ocurre en el continente. ¿De qué anomalía hablamos?

 

Por doquier se desploman los grandes paradigmas del neoliberalismo. Aquellos que ayer nos impusieron la idea de que el mercado todo lo podía y que el Estado no debía intervenir en la marcha de la economía, ahora corren presurosos a salvar, mediante el Estado, sus ganancias y a socializar con los pueblos las pérdidas de la burbuja financiera que habían creado. Pero mientras esto está ocurriendo en casi todo el planeta, nosotros decimos que en nuestro continente, como producto de las luchas populares, han surgido gobiernos democráticos que, aun con contradicciones internas y debilidades propias de la particular correlación de fuerzas, vienen configurando un bloque regional de signo adverso al modelo hegemónico. Esa es la anomalía latinoamericana.

 

Frente a esta situación anómala es que decimos que resulta imperioso que los intelectuales de Latinoamérica, consubstanciados con las luchas de todas y cada una de las organizaciones populares, los movimientos sociales urbanos, campesinos e indígenas, tenemos una primera tarea ineludible. Se trata de defender las democracias alcanzadas en el continente.

 

La segunda tarea inexcusable es la de pronunciarnos por una integración regional que no sólo dé cuenta de la solidaridad con las luchas de nuestros pueblos, sino también que responda por un tipo de relación como la que se diera recientemente con la actuación de la Unasur, en salvaguarda de la soberanía y la integridad territorial de Bolivia y en respaldo a la legalidad y legitimidad del gobierno democrático del Presidente Evo Morales Ayma que, asediado por la derecha fascista, separatista y racista, corría el serio riesgo del aislamiento y la indefensión frente a la descarada intervención del gobierno norteamericano. La actitud de la Unasur, a su vez, debe ser respaldada y asumida por cada una de nuestros pueblos. Por ello es que los intelectuales del continente no podemos omitirnos y debemos pronunciarnos a favor de esta concepción de integración multilateral, respetuosa de las particularidades nacionales, pero absolutamente firme a la hora de impedir cualquier injerencia imperialista.  Hablamos, pues, de una decidida oposición a la concepción del patio trasero, aquella que supone que puede y debe mandar a un embajador norteamericano a conspirar contra los designios soberanos de nuestras naciones, como ocurriera recientemente aquí, en Bolivia.

 

La tercera tarea de los intelectuales latinoamericanos es la de poner en evidencia que mientras los partidos políticos de la derecha, que mientras los partidos de la corrupción, el clientelismo y la política chatarra, que mientras las bandas fascistas intentan torcer –como aquí, en Bolivia- los destinos de los pueblos, existe por detrás de todos esos caducos instrumentos de dominación una formidable casamata, un bunker con un gigantesco poder de fuego constituido por los grandes medios de comunicación masiva. Son estos grandes medios, siempre en poderosas manos privadas, los que a diario malforman el sentido común de nuestros pueblos y resignifican en su favor los núcleos del buen sentido que anidan en sus prácticas culturales, de organización y de lucha. Son estos emporios privados los que, a través de la televisión, de las grandes cadenas de diarios, de las grandes cadenas de radios y de las grandes cadenas editoriales, procuran construir otro imaginario que sus propios partidos políticos no pueden alcanzar por la vía electoral y democrática. Es imprescindible, pues, desarticular el lenguaje de los grandes medios de comunicación y mostrar la perversidad manifiesta de su gramática y de su sintáxis.

 

Claro que para cumplir acabadamente con este objetivo, también resulta impostergable que cada uno de nuestros gobiernos impulse con determinación y firmeza la democratización del uso de los medios de comunicación. No es posible que mientras nuestros compañeros y compañeras, en distintos lugares del continente, deben defender con denuedo sus radios y periódicos alternativos, sus pequeñas emisoras y sus boletines de circulación acotada, haya grandes medios que silencien la voz popular y malformen el sentido común creando una opinión pública adicta a sus intereses. En nuestro país tenemos una experiencia que reivindicamos, no porque creamos que es la única en el continente ni la mejor –seguramente habrá otras- pero nosotros queremos rendir homenaje a la experiencia alternativa de la radio de las Madres de Plaza de Mayo. Es desde allí, desde esa radio, desde esa voz que se levanta, que también se levanta la voz de los que no tienen voz. Pero no alcanza; por eso propiciamos que todos los gobiernos del continente que se reclaman democráticos y populares, establezcan los mecanismos y disposiciones legales que correspondan para que el derecho a la comunicación no quede restringido a la mayor o menor cantidad de capital privado que se pueda acreditar, ni a la capacidad monopólica para concentrarlo y disponerlo, sino a la probada y reconocible voluntad de usar los medios de comunicación en favor del interés público y del bienestar común.

 

Otra de las tareas que debemos asumir los intelectuales de todo el continente es la defensa incondicional de la Madre Tierra. Ya se ha planteado en este Encuentro Internacional, con mucha más claridad que la que nosotros tenemos, que resulta imperioso garantizar el equilibrio ecológico, el respeto al medio ambiente. Hay que impedir el avance del capitalismo rapiñero y feroz que destruye nuestras selvas y bosques nativos, que hoy envenena las tierras fértiles con agrotóxicos para asegurarse una mayor y más rápida rentabilidad en los cultivos, dejando que mañana esas mismos suelos queden convertidos en páramos yermos y rendidos como ofrenda en el altar de la ganancia.

 

Los intelectuales no podemos seguir refugiándonos en pequeños estudios de caso so pretexto de que con ellos contribuimos a la resolución efectiva de los problemas planteados. No podemos hacer, como ha hecho cierta escuela de la antropología, por ejemplo, que se dedicaba a observar la cultura de los pueblos originarios de cualquier latitud para después obtener diplomas y medallas en las academias de Occidente y con eso sus cultores se pagaban la conciencia. Tampoco queremos una sociología de estudios de opinión para las grandes empresas que depredan el medio ambiente, ni ciencias sociales y humanas serviles a los procesos de domesticación impuestos por el gran capital. Nuestros conocimientos y saberes deben estar al servicio de un modelo de desarrollo humano que, lejos de servir a los intereses del lucro de las grandes empresas multinacionales, se apoye en técnicas y tecnologías apropiadas a nuestras sociedades y a nuestras culturas. Y debemos bregar también por la complementación e intercambio regional, aun en el plano de las industrias culturales, reconectando nuestras potencialidades para desconectarnos continentalmente de la lógica de la destrucción de la sociedad humana.

 

Pero cómo concretar esto, compañeras y compañeros, para que estas palabras no queden en un simple discurso de ocasión. Cómo hacer para que estas cuestiones que, seguramente, todas y todos compartimos en este Encuentro, no se resuman en un ejercicio de la retórica.

 

Nuestra espacio, Carta Abierta, ha traído una propuesta que pretendemos resuene en nuestro continente. Se trata de la idea de que los principales intelectuales latinoamericanos, comprometidos con las luchas de nuestros pueblos, redacten una Carta Abierta Latinoamericana para poner en una misma sintonía a escritores, poetas, amautas, científicos, actores, editores, artistas plásticos, docentes y sabios de todas nuestras culturas. Y así, todos juntos, de una manera unívoca, con una redacción que seguramente quedará en manos de compañeros y compañeras inapelables, atraviese todas las fronteras y se convierta en otro instrumento válido para la lucha y la esperanza de nuestros pueblos.

 

Creemos que de este modo estaremos poniéndonos a tono con lo que los compañeros han planteado en este Encuentro. Han transcurrido quinientos años de oprobio y ahora que nuestros pueblos se levantan, ahora que nuestros pueblos hacen de sus sueños antiguos una bandera de victoria, es imprescindible un nuevo pensamiento latinoamericano. Pero este pensamiento no puede estar sujeto a las modas ni a las academias ni, mucho menos, al poder y la mezquindad individual, sino al designio democrático y revolucionario de las mayorías populares del continente y, con ellas y desde ellas construir, de una vez por todas, la patria grande que nos debemos.

 

Si esto fuera posible, si nuestra voluntad mancomunada nos alcanzara para llevar a cabo la Carta Abierta continental, si pudiéramos lograr este pequeño objetivo, tendríamos que decir con satisfacción que el esfuerzo formidable de haber realizado el Encuentro Internacional en Santa Cruz de la Sierra, nos ha permitido dar un paso diminuto, tal vez chiquitito si se lo compara con la historia que nos antecede. Pero habrá de ser un paso firme, un paso con convicciones sólidas y principios que no se negocian, un paso signado por los nombres de todos nuestros muertos, un paso para no retroceder sino para afirmarnos en esta marcha  que ya no habrá detenerse ni ante la victoria misma.-

 
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